Agradar… ¿A quién?

November 23, 2016

Agradar… ¿A quién?

Puede resultar una pendiente de cuesta arriba, como a su vez frustrante, tratar de "agradar" 100% a las personas que nos rodean.

 

Ni aun las compañías más prestigiosas logran conseguir éxito rotundo en este empeño, sin sufrir numerosos desaciertos, debido a la época tan inestable que vivimos, saturada de información, mucho más de la que se puede verificar o procesar, y con un público cada vez más exigente; acostumbrado a divagar en sus pensamientos, dado al carácter desleal de las personas en este tiempo y el fácil oído que se presta a todo lo que "suene o parezca", "novedoso, innovador o revolucionario".

 

El Apóstol Pablo estaba seguro de a quién debía agradar, por esto escribe a los Gálatas en 1:10: "Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo". Agradar a Dios ha de ser la prioridad de todo el que sirve a Dios.

 

Se agrada a Dios cuando:

 

· Nuestra Fe no se doblega ante la adversidad. Heb 11:6,

· Nos ocupamos del Espíritu antes que vivir según los designios de la Carne. Rom 8:6-8

· Tenemos temor de Dios y esperamos en sus misericordias. Sal 147:10-11.

· Procuramos en todo tiempo ser imitadores de Dios. Efe 5:1-2

· Somos obedientes a sus preceptos, sin importar los sacrificios que esto implique. 1 Sam 15:22

· Procuramos ser dóciles a su voluntad para crecer y ser aptos para toda buena obra. Heb 13:21

· Nos presentándonos en el altar cada día, como un sacrificio vivo, santo y para su gloria, honra y alabanza. Rom 12:1-2.

 

Cuando le agradamos, Dios promete:

 

· Rodearnos de paz, aun con nuestros enemigos más devotos. Prov. 16:7.

· Sustentarnos con sus ternuras haciéndonos partícipes de su Reino. Luc 12:32.

· Mostrarnos el camino de vida, colmándonos de sus delicias y gozo perpetuo. Sal 16:11

 

Estimado lector hemos de fijar nuestras prioridades y asegurarnos a quien buscamos agradar. En ocasiones mal usamos el hecho de que debemos agradar a Dios por sobre todas las cosas para ser groseros, rebeldes y no sujetarnos a las autoridades establecidas por Dios.

 

Hemos de aprender a ser personas amables, adaptables y dóciles para hacer posible el trabajo en equipo, siempre que esta actitud no signifique desobedecer los principios que Dios ya estableció en su Santa Palabra.

 

Si procuramos agradar al hombre en detrimento de nuestra Fe, principios y convicciones cristianas, lamentablemente en algún momento de nuestro caminar, nos sorprenderá la frustración de la traición y la ingratitud humana, pues siempre habrá quien piense que “debías haberlo hecho diferente”.

 

Cuenta mucho entonces procurar agradar a aquel, que juzga nuestras acciones correctamente, quien además ha de juzgar, condenar o recompensar, a cada quien según sus obras. Luc 12:4-5.

 

¡Que Dios nos ayude a Agradarle a Él en todo momento por sobre todas las cosas! Amén.

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